30 Agosto 2008 - 11:02 pmEsconder la cabeza como el avestruz
Este es un trabajo que me remite Amparo Almánzar lectora de este blog y el cual divulgo Ãntegro:
Hace apenas tres dÃas, el paÃs perdió en varios hechos trágicos 11 niños, si el Estado estuviera comprometido con cada uno de sus ciudadanos, ésto serÃa motivo de preocupación.
Sin embargo, es casi seguro que mañana nadie se acuerde. Aquà un escándalo tapa a otro escándalo. Es una pena que en estos dÃas no hayan elecciones, pues de ser asÃ, el Gobierno y la oposición estuviesen en competencia a ver quien llega primero donde los necesitados.
Ahora no hay competencia polÃtica, pero hay un Gobierno, un Presidente que caminó el paÃs pidiendo el voto, y que parece que a la hora de rendir cuentas no todos somos iguales ante sus ojos. No mide con la misma vara al momento de hacer justicia, más bien parece que la parte más sensible de la población, la más necesitada, sólo parece estar reservada para elegir a otro, algo asà como un número, una estadÃstica.
Hoy lloramos esos niños, pero muchos dominicanos en los últimos meses han padecidos grandes desafÃos y no han recibido el apoyo solidario de nuestras autoridades.
Por eso, en la pasada rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional, el Presidente pintó un panorama desolador al comienzo, habló de los desafÃos producto de la situación que atraviesa la economÃa internacional y los precios del petróleo, sin embargo, los aplausos de sus parciales pareció devolverle la fe, y al final terminó su pieza oratoria anunciando un ambicioso programa de construcción de obras, que necesitarÃa mÃnimo 3 ó 4 perÃodos más.
El suceso que hoy me mueve a escribir esta nota, es sencillamente, porque uno de esos proyectos parece querer ocultar el panorama de miseria que da la bienvenida a cada visitante en el trayecto del aeropuerto hacÃa la Capital. Me refiero al túnel que pasará por debajo del rÃo Ozama. Parece que el Presidente se avergüenza de los pobres y quiere negar a todas luces su existencia, pero la realidad se impone desafiante ofreciendo al mundo el espectáculo dantesco de una familia extinguida por la ausencia de una autoridad.
La sociedad debe jugar su papel y demandar la prioridad de la gente, ya que ningún proyecto pueda estar por encima de las necesidades del pueblo, lo más importante es el ser humano.
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