28 Febrero 2009 - 10:37 amDe promesas y optimismo
Los dominicanos siempre albergan ilusiones con los discursos de los mandatarios, ocurre con el que se inaugura una nueva administración o con el de rendición de cuentas cada 27 de febrero.
Por eso, en muchos casos después de cada uno de esos discursos queda la sensación de que hubiéramos querido escuchar otras palabras, otros mensajes.
No se entiende que la lógica de los mandatarios es distinta a las que los escuchan, ya que tienen que justificar políticas, sembrar semillas electorales, repartir optimismo, como haría el capitán de una nave a punto de zozobrar.
Eso es lo que percibí con las palabras de Leonel Fernández ante la Asamblea Nacional.
Mientras millones de dominicanos observan un desfase entre la economía de las estadísticas y la del día a día, el mandatario lo ve de otra manera, pese a las adversidades y calamidades que se extienden por el planeta, que equiparó con una versión moderna de las Siete Plagas de Egipto.
“Gracias a Dios, a pesar de esas turbulencias financieras globales, ha podido mantener la paz social, la gobernabilidad democrática y la estabilidad macroeconómica”, dijo el mandatario con tono optimista.
Muchos sectores el país, y ese fue uno de los pedidos del llamado “diálogo de las fuerza vivas”, consideran que se debe reducir el gasto en la nómina estatal, pero para el mandatario es todo lo contrario y hasta afirma que somos unos de los países que menos gastos hace en nómina en América Latina. Aunque solo habló del Gobierno Central.
La pieza oratoria constituyó un recuento de hechos y promesas presentadas de manera para crear la ilusion de realidad.
Por ejemplo se presenta la ilusión de que la pobreza se combate con 700 pesos que reciben más de 400 mil familias, hecho que en la mayoría de los casos es para alimentar el clientelismo.
Ver para creer, diría Santo Tomás, hay que esperar que las medidas anunciadas por el mandatario comiencen a aplicarse, como el anuncio de que no le temblara el pulso para limpiar los cuerpos castrenses de elementos dañinos, entiéndase librarlos de la delincuencia y el narcoráfico.
Pero ante la reiteración de promesas, derroche de optimismo y un plan de construcciones, propias de una campaña electoral solo hay que esperar si las mismas levan anclas y comienzan a navegar.
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