Cedo hoy este espacio al animador cultural José Jiménez quien hace un importante trabajo sobre el carnaval:
El pensamiento antropológico ha dedicado una buena parte de sus esfuerzos a definir la naturaleza y carácter de nuestras creencias populares y religiosas.
En nuestro paÃs la discusión por definir, al parecer correctamente las manifestaciones de espiritualidad y/o cultura popular del pueblo dominicano ha girado en torno, entre otros temas al carnaval.
El carnaval constituye una de las obras fundamentales de la historia social universal y una de las festividades más antigua de la cultura occidental.
Estas fiestas de carnaval se remontan a la Edad Media Europea y se trasladan a las sociedades agrarias que existÃan en ese entonces, las cuales eran dominadas esencialmente por los amos y siervos.
La tierra jugaba un rol determinante, pues cuando la cosecha era buena se producÃa un buen ambiente para la celebración, expresándose asà una catarsis social o explosión de emociones reprimidas.
Pienso que es un imperativo como objeto de estudio ver como la sociedad permite que en las festividades del carnaval los hombres se vistan de mujeres y viceversa, asà como de diablos cojuelos, y que se agredan fÃsicamente con vejigazos o fuetes, que se arrojen objetos y utilicen un lenguaje vulgar, bailen y beban sin frenos y algunas comparsas presenten situaciones crÃticas contra lo establecido.
En verdad, el carnaval responde a una profunda necesidad de nivelar simbólica y lúdicamente los conflictos y diferencias de las sociedades. El carnaval es un evento muy serio, aunque la farsa y la burla constituyan algunos de sus ejes inherentes. Inicialmente, el carnaval se celebra conforme con la tradición europea de carnestolendas.
Esa tradición colonial de festejar los grandes acontecimientos con carnaval, posibilitó que la celebración de las fechas patria dominicana incluyera el carnaval como expresión de júbilo y regocijo popular, a propósito de la efemérides.
En la actualidad esta es una de las manifestaciones más populares y trascendentes de la cultura de nuestro paÃs, que se ha ido transformando históricamente hasta lograr una categorÃa de identidad dentro de un proceso de criollización y afianzamiento de la libertad, la creatividad y la participación popular de todo el cuerpo social dominicano.
Ahora, en el presente, tenemos carnaval en casi todas las provincias cabeceras del paÃs, en diferentes épocas y por diversos motivos.
El diablo cojuelo, es sin dudas el personaje central de las celebraciones del carnaval dominicano, recibe diferentes nombres e incluso distinta apariencia, dependiendo de la provincia. Osea que este personaje lleno de alegrÃa y colorido presenta diversas caracterÃsticas en su vestimenta y careta según su provincia.
El destacado intelectual y folclorista dominicano Dagoberto Tejada nos dice que la gente se expresa y se disfraza de lo que desea ser, para negar su cotidianidad, o lo que deseaba ser y la sociedad se lo negaba. Asimismo, que la alegrÃa común se expresa mediante la sátira de personajes y/o estado de cosas existentes.
También, nos señala que los carnavales se celebraban por ciclos, al término de las cosechas, y se institucionalizaron con la llegada del Cristianismo. Con la colonización española es que llega a la isla la celebración del carnaval.
Y es precisamente durante ese periodo de colonización cuando el carnaval se convirtió en un escenario de criticidad y explosión de emociones reprimidas ante una elite embriagada de una falsa moral, de ambición y codicia desmedida.
En la República Dominicana, el carnaval es la fiesta de mayor tradición y riqueza folclórico-popular.
Entiendo que es importante puntualizar que hasta el presente momento, el carnaval dominicano ha sido visto desde una óptica superficial y descriptiva, colocando al margen la escenificación de una obra sistemática que incluya una visión integral.
Entonces se hace necesario partir del principio de que nuestro carnaval es una muestra muy real y singular de una configuración universal y que debe estar sustentada en un conjunto de elementos que le definen, veamos: Inversión de papeles sociales de los actores, suspensión de jerarquÃas, y que el anónimo de la cotidianidad se constituya en protagonista.
Presencia de la sátira, la burla y lo grotesco como elementos crÃtico y divertido. Actuación dramática de personajes trágicos-cómicos, etc. Espacios Urbanos cotidianos hacerlos propios del carnaval.
Las fiestas de carnaval, además de poseer un ritual integrador de festividades sagradas, también abren campo a la modernidad integrando aspectos novedosos que intervienen en la sociedad, sin olvidar las expresiones tradicionales.
Con esta visión de carnaval, habremos de construir un entramado con mejores y mayores semejanzas a los famosos carnavales del mundo, potencializando y mostrando nuestra singular identidad cultural dominicana.