30 Marzo 2009 - 8:44 pmEl sueño ya no es utopía

El triunfo de Mauricio Funes en El Salvador, aupado por el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, es una muestra de que el sueño de millones de latinoamericanos por erradicar la obscenidad que, con honrosa excepciones, ha caracterizado a los gobiernos del continente, no ha muerto.

Se corresponde con una tendencia que se ha verifica en América Latina que ha permitido la llegada al poder de gobiernos de centro izquierda, lo que no era posible décadas atrás.

No es aventurado decir que en el continente se rompió con esa maldición de siempre empezar proyectos  que nunca terminen, al igual que le ocurría a Sísifo.

Ese triunfo envía una lección al polo democrático en el país que tiene pendiente madurar una opción de poder, lo invita a reflexionar sobre los pasos para sacar del poder las fuerzas tradicionales que no han resuelto los problemas fundamentales.

La enseñanza de este proceso es muy aleccionadora: se requiere constancia en el trabajo político y métodos innovadores,  en consonancia con la época que vive hoy la humanidad y apegados a nuestra realidad.

A lo que se aspira es a gobiernos que auspicien un reparto equitativo de la riqueza, que se garantice la salud, la educación y alimentación a millones que viven al margen de ello, lo que de ninguna manera se puede tildar de radical y lo que no es una utopía.

Se trata de auspiciar administraciones al margen de la corrupción y del narcotráfico.

Para avanzar es necesario reinventar la política, abandonar los esquemas que por décadas norman el accionar de los grupos no tradicionales y que han impedido que una efectiva comunicación con el pueblo.

Aunque hay que reconocer que ello no es fácil ahora, ya que la política ha sido maleada por los partidos tradicionales, que en su afán por llegar y mantenerse en el poder todo se vale.

Tienen, entonces, las fuerzas progresistas del país  el reto de dar el salto para convertirse en una opción de poder distintas a las fuerzas tradicionales.

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15 Marzo 2009 - 11:53 pmNuestros hoyos de cada día

Santo Domingo avanza a transformarse en un verdadero infierno por los múltiples problemas de circulación vial, aseo urbano, obstrucción de las aceras y otros sin que las autoridades muestren interés en resolverlos.

Pero exclusivamente quiero referirme al robo de tapas de cloacas en calles, avenidas y aceras.

Esos hoyos en plena vía pública, además de horribles y hasta misteriosos, constituyen un atentado a la urbanidad, despiden todos los malos olores  registrados y han convertido a los capitaleños en  atletas de saltos largos.

Son nuestros hoyos de cada día, que en algunos casos tienen profundidad de más de diez metros y al final circulan, directas al mar Caribe, aguas blancas, verdes, negras y cualquier otro color con que se quiera denominar a las aguas residuales.

Esos hoyos, refugios de ratas, son contraproducentes con las alt0s edificios, los últimos modelos de vehículos y otros lujos en medio de problemas que otras naciones solucionaron en el siglo XIX.

Es claro que si los dominicanos no somos capaces de solucionar problemas tan chiquitos, no podemos impedir que con razón nos llamen “Estado Fallido”.

Yo no sé a quién corresponde velar porque esas tapas estén en su lugar, pero lo cierto es que hay negligencia y poco importa a las autoridades  su robo.

La Policía Nacional ha sido “floja” en detectar a estos ladrones, en ubicar a las fundiciones donde llevan las tapas para convertirlas en diversos objetos, que luego nos venden ante nuestras narices.

Hace poco el Ayuntamiento del Distrito Nacional anunció que los hoyos serían cubiertos con tapas de un material plástico para evitar el robo, pero eso se quedó en las páginas de los diarios.

Si condenable es que no sean cubiertos , más condenable es que no han hecho nada por preservar las tapas que sobreviven, algo que entiendo no es complicado.

Esos hoyos, que a cualquiera le quitan la vida, no tienen señales que adviertan al peatón o conductor, salvo la que la imaginación popular le coloca como un palo y en la punta un jarro o un paño, una rama de un árbol.

Estoy seguro de que no se han solucionado porque la comisión que dejan es muy reducida o ninguna, además no se pueden inaugurar con la bendición de un sacerdote y amplio despliegue en la prensa.

Además no luce que entre los logros gubernamentales citar que se colocaron mil tapas de cloacas en calles y avenidas, ya que ello no gana capital político.

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11 Marzo 2009 - 3:39 pmRepública Dominicana le queda grande al béisbol

Omar Santana me remite a una colaboración a propósito de la derrota que sufrió el equipo dominicano en el Clásico Mundial de Béisbol. Millones de dominicanos quedamos descorazonados. Omar, desde Madrid, España, donde cursa estudios, sufrió la derrota del equipo de una nación que se conoce como productora de quesos  y por jugar fútbol, pero así son las cosas. A continuación el texto de Omar:

Lo de anoche no tuvo madre. La República Dominicana (el país que más beisbolistas de Grandes Ligas produce por kilómetro cuadrado en la faz de la Tierra) cayó en el onceno episodio, por segunda vez en tres partidos, ante la selección de Holanda, una novena formada por peloteros de liga menor, jornaleros de las Grandes Ligas y antiguos “seudos” estelares.

Mérito para los holandeses.

Pero, vergüenza, mucha vergüenza, para los dominicanos. Que volvemos a sentirnos pisoteados por la falta de patriotismo de (lamentablemente) nuestros peloteros.

Es en este tipo de circunstancias cuando se supone que como compatriotas se debe apoyar a los valientes, pero así no se puede, no cuando los que deben representar el azul, el rojo y el blanco con orgullo nos pisotean.

¿Cómo decimos que el béisbol es nuestro deporte nacional?

Si los peloteros no dan la cara en el máximo escenario. Si los que fueron hacen un papelazo y a los que no fueron no les interesa.

Quien no entiende que representar a República Dominicana en cualquier escenario es un hecho de humildad y gloria no se siente dominicano: no cree en Juan Pablo Duarte, en el 27 de febrero, en el Trabucazo, en la Restauración, en la Guerra de 1965, en el ajusticiamiento de Trujillo, en “Dios, Patria y Libertad”.

Nacieron en la tierra de Gregorio Luperón, pero fue por mera casualidad porque su patria son los equipos de Grandes Ligas.

Es cierto, en ningún otro espacio geográfico de 48,442 kilómetros cuadrados nacen y han nacido tantos peloteros, pero es tiempo que los dejemos de llamar dominicanos, pues ellos no se sienten así.

Llamémosle mercenarios, empleados, trabajadores, o simplemente peloteros nacidos aquí, pero no los llamen como no se sienten.

República Dominicana alberga granjas de Grandes Ligas en las que se siembran seres humanos apátridas para que un día jueguen en Estados Unidos, esa es la única realidad. Pero dominicanos como Felipe Alou, Gabriel Mercedes, Félix Díaz, Miguel Tejada y David Ortiz no son.

¿Y se les puede culpar?

Como padres soñamos con hijos peloteros, que consigan un contrato y que eludan la pobreza. Les enseñamos a batear, atrapar y tirar, pero no sabemos decirles cómo ser dominicanos, cómo llevar en alto nuestro origen, entonces la culpa es nuestra.

Es de cada uno de nosotros que anteponemos nuestros intereses a los de la patria y a los que esperamos tener hijos ricos y mimados, ante que hijos dominicanos.

Es de cada uno de aquellos funcionarios que les entrega dádivas en forma de exoneraciones y otras facilidades, y les reciben en su despacho como si fueran héroes cuando después demuestran que no lo son, de aquellos periodistas que los tratan con amiguismo y de todos los que aspiramos que nuestros descendientes sean como ellos.

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8 Marzo 2009 - 1:08 pmMesura, señores legisladores

La imagen que tienen muchos dominicanos de los legisladores, que por regular exhiben gran poder económico, es que son ordeñadores del erario, aunque venden una imagen de “Santiclo”, de benefactores con la labor social que realizan con recursos aportados por el Estado.

Con eso de que resuelven problemas de la gente o comunitarios crean una estructura clientelar que rinde sus frutos cada cuatro años.

Ahora el senador oficialista Euclides Sánchez es el portavoz de los reclamos de aumento salarial para los senadores.

Ya antes en la Secretaría Medio Ambiente su titular, Jaime David Fernandez Mirabal, y los funcionarios de mayor jerarquía se habían aumentado el salario.

Ojalá que todo esto no sea una epidemia y los altos servidores del Estado se sirvan con la cuchara grande en materia de aumento salarial, como ha ocurrido en otras oportunidades.

El objetivo de la nueva lucha de los senadores es igualar el salario de los diputados que reciben 200 mil pesos al mes, pero que con los incentivos suman 342,568 pesos.

Un senador recibe como sueldo base 125,000 pesos al mes, 50,000 pesos para gastos de representación, 25,000 pesos de viáticos, 25,000 de hospedaje, 3,500 de dieta por sesión y 2,400 por cada reunión de las comisiones a las que pertenece.

Pero las aguas no se detienen ahí y por concepto del “Fondo Social” o “barrilito”, que a mi juicio es algo más que una inmoralidad, reciben entre 400,000 y 900,000 pesos al mes. Esto se calcula de acuerdo al número de habitantes que tienen la provincia que representa. ¿ Quién supervisa este fondo ?

Un senador, que tiene opción a dos exoneraciones de vehículos durante los cuatro años de su mandato, le cuesta a la República más de dos millones de pesos al mes. ¿ Y quieren más?

Después de escuchar los reclamos de aumento salarial para los senadores creo que a éstos lo único que le falta es  amarrar  por el cuello el Presupuesto Nacional con una soga y  llevarlo a pastar a los jardines de sus casas.

Los dominicanos debemos prestar atención al Congreso Nacional y estimularlo a que sea un órgano eficiente de legislación a favor del desarrollo nacional.

Ese debe ser su papel y para ello los legisladores de ambas cámaras, deben convertirse en hombres preocupados por el desarrollo del país, no de sus intereses personales.

Eso del “barrilito” hay que eliminarlo, en ninguna parte la Constitución de la República establece que los legisladores deben realizar actividades de promoción social.

Es lamentable que la preocupación de los legisladores por aumentarse el salario, no la tengan para otros sectores como los médicos, maestros militares, agentes de la Policía Nacional.

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3 Marzo 2009 - 10:45 am¿Son todos los que están?

La puesta en retiro de 31 generales de las distintas ramas de la Fuerzas Armadas, más las palabras del nuevo jefe de la Marina de Guerra en el sentido de que en esa institución a partir de su mandato se cerrarán los espacios para las lacras, han dado paso a múltiples rumores sobre la conducta de los retirados.

 

Aunque el Presidente dijo que los retiros obedecen a” antigüedad en el servicio” y que todos disfrutarán de sus pensiones, lo cierto es que en el momento en que se produjo el retiro, cuando se habla de profilaxis dentro de los cuerpos armados, se le lanza un cubo de lodo, por no decir otra cosa, sobre la conducta de todos los retirados.

Sin dudas se mezclaron mansos con cimarrones y en amplios sectores ha causado sorpresa debido a que se conoce la buena trayectoria de mucho de los retirados.

Radio Bemba ha comenzado a transmitir sin interrupción y los rumores circulan de boca en boca, van y vienen sobre los retirados.

El nuevo jefe de la Marina de Guerra, Homero Luis Lajara Solá, dijo en el acto de toma de posesión de sus nuevas funciones que se acabaron las vacas sagradas, la corrupción y dentro de la institución.

Franklin Almeyda Rancier, secretario de Interior y Policía, explica que la salida de los generales forma parte de la profilaxis que se lleva cabo en las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, lo que liga a los retirados con todo lo malo que se atribuye hoy a los cuerpos castrenses.

El secretario de las Fuerzas Armadas, teniente general Pedro Rafael Peña Antonio, dijo que los retiros no tienen nada que ver con la profilaxis, pero esas palabras llegaron tarde pues la ola de rumores se ha extendido.

Además de arrojar dudas sobre la conducta de todos los retirados, también se crean vacios sobre el anuncio del esperado profilaxis que anuncio el Presidente, cuando dijo que no le temblará el pulso para separar las “lacras sociales” de los cuerpos castrenses.

La sociedad espera transparencia en este proceso de depuración de las Fuerzas Armadas y reclama su derecho a saber cuáles son los oficiales separados o que seráan retirados por su ligazón al narcotráfico y la delincuencia, sin importar su jerarquía.

Además de la profilaxis se requiere repensar el papel de las Fuerzas Armadas en momentos en que se agotó la lucha contra el comunismo tras el desplome de la Guerra Fría con lo que ha variado el concepto de seguridad nacional.

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1 Marzo 2009 - 12:53 amLa catarsis social del carnaval

Cedo hoy este espacio al animador cultural José Jiménez quien hace un importante trabajo sobre el carnaval:

El pensamiento antropológico ha dedicado una buena parte de sus esfuerzos a definir la naturaleza y carácter de nuestras creencias populares y religiosas.

En nuestro país la discusión por definir, al parecer correctamente las manifestaciones de espiritualidad y/o cultura popular del pueblo dominicano ha girado en torno, entre otros temas al carnaval.

El carnaval constituye una de las obras fundamentales de la historia social universal y una de las festividades más antigua de la cultura occidental.

Estas fiestas de carnaval se remontan a la Edad Media Europea y se trasladan a las sociedades agrarias que existían en ese entonces, las cuales eran dominadas esencialmente por los amos y siervos.

La tierra jugaba un rol determinante, pues cuando la cosecha era buena se producía un buen ambiente para la celebración, expresándose así una catarsis social o explosión de emociones reprimidas.

Pienso que es un imperativo como objeto de estudio ver como la sociedad permite que en las festividades del carnaval los hombres se vistan de mujeres y viceversa, así como de diablos cojuelos, y que se agredan físicamente con vejigazos o fuetes, que se arrojen objetos y utilicen un lenguaje vulgar, bailen y beban sin frenos y algunas comparsas presenten situaciones críticas contra lo establecido.

En verdad, el carnaval responde a una profunda necesidad de nivelar simbólica y lúdicamente los conflictos y diferencias de las sociedades. El carnaval es un evento muy serio, aunque la farsa y la burla constituyan algunos de sus ejes inherentes. Inicialmente, el carnaval se celebra conforme con la tradición europea de carnestolendas.

Esa tradición colonial de festejar los grandes acontecimientos con carnaval, posibilitó que la celebración de las fechas patria dominicana incluyera el carnaval como expresión de júbilo y regocijo popular, a propósito de la efemérides.

En la actualidad esta es una de las manifestaciones más populares y trascendentes de la cultura de nuestro país, que se ha ido transformando históricamente hasta lograr una categoría de identidad dentro de un proceso de criollización y afianzamiento de la libertad, la creatividad y la participación popular de todo el cuerpo social dominicano.

Ahora, en el presente, tenemos carnaval en casi todas las provincias cabeceras del país, en diferentes épocas y por diversos motivos.

El diablo cojuelo, es sin dudas el personaje central de las celebraciones del carnaval dominicano, recibe diferentes nombres e incluso distinta apariencia, dependiendo de la provincia. Osea que este personaje lleno de alegría y colorido presenta diversas características en su vestimenta y careta según su provincia.

El destacado intelectual y folclorista dominicano Dagoberto Tejada nos dice que la gente se expresa y se disfraza de lo que desea ser, para negar su cotidianidad, o lo que deseaba ser y la sociedad se lo negaba. Asimismo, que la alegría común se expresa mediante la sátira de personajes y/o estado de cosas existentes.

También, nos señala que los carnavales se celebraban por ciclos, al término de las cosechas, y se institucionalizaron con la llegada del Cristianismo. Con la colonización española es que llega a la isla la celebración del carnaval.

Y es precisamente durante ese periodo de colonización cuando el carnaval se convirtió en un escenario de criticidad y explosión de emociones reprimidas ante una elite embriagada de una falsa moral, de ambición y codicia desmedida.

En la República Dominicana, el carnaval es la fiesta de mayor tradición y riqueza folclórico-popular.

Entiendo que es importante puntualizar que hasta el presente momento, el carnaval dominicano ha sido visto desde una óptica superficial y descriptiva, colocando al margen la escenificación de una obra sistemática que incluya una visión integral.

Entonces se hace necesario partir del principio de que nuestro carnaval es una muestra muy real y singular de una configuración universal y que debe estar sustentada en un conjunto de elementos que le definen, veamos: Inversión de papeles sociales de los actores, suspensión de jerarquías, y que el anónimo de la cotidianidad se constituya en protagonista.

Presencia de la sátira, la burla y lo grotesco como elementos crítico y divertido. Actuación dramática de personajes trágicos-cómicos, etc. Espacios Urbanos cotidianos hacerlos propios del carnaval.

Las fiestas de carnaval, además de poseer un ritual integrador de festividades sagradas, también abren campo a la modernidad integrando aspectos novedosos que intervienen en la sociedad, sin olvidar las expresiones tradicionales.

Con esta visión de carnaval, habremos de construir un entramado con mejores y mayores semejanzas a los famosos carnavales del mundo, potencializando y mostrando nuestra singular identidad cultural dominicana.

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