26 Abril 2009 - 11:34 pmHéroes anónimos de abril de 1965
Los acontecimientos posteriores al 24 de abril de 1965 parieron héroes que alimentan la mitologÃa popular.
Miles de combatientes estamparon a su paso hazañas que permanecen en el anonimato, ya que no les interesa el papel de vedette para pregonar lo que hicieron con la patria.
Otros se atribuyen hazañas, en las cuales nadie los vio o se hicieron fotografÃas con fusiles cuando en realidad eran unos cobardes.
Recientemente escuché en un popular programa radial a Jottin Cury desmentir a un intelectual que se atribuÃa la autorÃa del último discurso que pronunció Francisco Alberto Caamaño en la Torre del Homenaje.
Hay quienes tienen colgados en las paredes de sus casas diplomas con el tÃtulo de “Comandante”, que nadie le expidió.
Sin embargo, en el pueblo llano, siempre dispuesto a ofrendar su vida por las mejores causas no se produce exhibicionismo.
De niño en mi vieja Villa Francisca, barrio en el que crecÃ, cerca de la avenida Mella y colindante con los heroicos barrios de San Antón y Santa Bárbara, siempre escuché de personas mayores historias de hombres y mujeres cuyas únicas armas era la conciencia en firme, como dice Pedro Mir.
Ahora que se cumplen cuarenta y cuatro años de aquellos acontecimientos me vienen a la memoria esos relatos.
Era común oÃr relatos de hechos en los que participaron Freddy el BailarÃn, hijo de doña Fefa, Mico el Mocho, un hombre al cual la falta de una mano no impidió defender la soberanÃa nacional.
Pedro Cadena, Miguel el Loco y otros cuyos nombres no recuerdo hicieron verdaderas hazañas bajo el fuego cerrado de francotiradores ubicados en Molinos Dominicanos, algunos de estos inmortalizados por José Francisco Peña en su poema “Lloran las viejas campanas”.
Sobre todo en las decisivas batallas del 15 y 16 de junio de 1965, cuando el invasor fue impedido de tomar la Zona Constitucionalista.
Escuché relatos de que esa batalla fue campal. Desde laberÃnticos callejones se arrojaban piedras, rudimentarias bombas molotov y hasta latas llenas de excremento humano al paso de las tropas enemigas.
Nunca he olvidado uno de esos relatos que dice que en la esquina Félix MarÃa RuÃz (hoy México) con Juana Saltitopa dos o tres mujeres cubrieron con varias cubetas de mierda a un soldado invasor, su propósito no era matarlo, pero si humillarlo.
A esos hombres y mujeres que cayeron y combatieron en la heroica Villa Francisca nuestro reconocimiento en este nuevo aniversario de una de las más bellas páginas de la historia dominicana.
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