12 Agosto 2009 - 11:08 pmLa Biblioteca Municipal
Cada vez que voy por la Ciudad Colonial, en especÃfico por la Calle Padre Billini, frente al Parque Duarte, me viene a la memoria la Biblioteca Municipal, que funcionaba hace menos de dos décadas en el edificio donde Eugenio MarÃa de Hostos fundó la Escuela Normal.
Ese vetusto edificio, contiguo al convento de los Dominicos, guardaba en sus anaqueles verdaderas joyas bibliográficas nacionales y extranjeras servida por empleados competentes.
Visitada por cientos estudiantes e investigadores cada dÃa. Era un verdadero templo de la cultura. Las mesas, estanterÃas en caoba centenaria, un su hermoso jardÃn concurrÃan teóricos de todo el saber humano, algunos
con ideas luminosas.
Recuerdo las peroratas de uno de esos personajes, a quien llamaban “El Citólogo” por su afición a leer los clásicos del marxismo y citar en las discusiones a Marx, Lenin y el bigotudo Stalin. Para muchos creÃamos le ocurrió lo mismo que a Don Quijote que de tanto leer libros de caballerÃa se volvió loco.
En los años de autoritarismo balaguerista aparecÃan manifiestos de partidos de izquierda entre sus libros, que raras veces eran detectados.
En el patio habÃa una hermosa estatua del insigne pedagogo puertorriqueño Eugenio MarÃa de Hostos (1839-1903) y al pie de la misma se resguardaban sus restos bajo la sombra de un frondoso pino.
PermanecÃa abierta desde las 8:00 a.m. hasta las 10:00 p.m. OÃ a algunos decir que durante el Gobierno de Juan Bosch permanecÃa abierta las 24 horas del dÃa.
Pero la Biblioteca Municipal existió en ese lugar hasta que la Iglesia Católica se antojo del local por lo cual fue trasladada a la Calle Padre Billini esquina Isabel la Católica en una segunda plata, no sé si a un local del Estado o propiedad privada y ahà mismo se firmó su acta de defunción.
El traslado de la biblioteca ocurrió en la administración municipal del PRD, si mal no recuerdo creo que el sÃndico era Pedro Franco Badia.
Lo cierto es que el traslado significó el eclipse de la Biblioteca Municipal, pues comenzaron a desaparecer colecciones de libros, muebles y obras pictóricas.
Yo no sé si aún está funcionando, pero de ser cierto me la imagino con decenas de empleados botellas muy ajenos al quehacer bibliotecario.
La iglesia, que siempre anatematizó las ideas de Hostos, sin hacer ruido, se vengó al apoderarse del local e intento hacer desaparecer cualquier vestigio de que allà se practicaban ideas que chocaban con sus dogmas.
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