20 Octubre 2009 - 7:31 pmDespotismo, arbitrariedad, abuso…

La brutal actuación policial ha dejado mucho que desear en los últimos días, sólo comparable a un huracán categoría cinco sin ojo que lo gobierne, como dice Joaquín Sabina.

Ante los ojos de todo el mundo se ha develado como un exceso la actuación policial frente a William de Jesús Checo y Cecilio Díaz que supuestamente habrían mantenido secuestrado a Eduardo Baldera.

Todo el mundo vio cuando lo apresaron y todo el mundo se sorprendió cuando la Policía Nacional informó que murieron en un enfrentamiento con sus propios agentes, en lo que muchos definen como un ajusticiamiento extrajudicial.

Pero hay un hecho que no se puede dejar de citar, como el caso de que la fuerza policial se metió violentamente en la emergencia e un hospital de San Cristóbal el domingo 18 de este mes  y asesinó a Lisandro Cuevas Ferreras, de 23 años quien estaba esposado y ante su madre.

Ese hecho me recordó al período de los doce años de Joaquín Balaguer, cuando fue secuestrado y asesinado en un hospital el joven Santiago Hernández, mejor conocido como Mangá, que conmovió a todo el país.

Esa crudeza policial yo creía se había superado, sobre todo ahora que vivimos en un régimen democrático, o al menos formalmente.

Con los últimos hechos de la actuación policial llama la atención que el poder civil, los llamados superiores de la Policía Nacional mantengan silencio ante estos hechos, que lógicamente lo hacen cómplice de ellos.

Sorprende el silencio de las autoridades civiles que alienta la tendencia represiva de la Policía Nacional, como se ha comprobado en los últimos días.

Creo que ese silencio anima a la Policía a actuar truculentamente como si viviéramos en un Estado donde no existen garantías constitucionales.

Ese silencio de las autoridades hace que la Policía Nacional actue de manera similar al huracán sin ojo de que habla Sabina.

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