Nuestro sistema carcelario

por el 23/08/17 at 7:54 pm

El sistema carcelario dominicano nos tiene acostumbrado a la ocurrencia de hechos  truculentos, sin que las autoridades se ruboricen y, mucho menos, muestren interés por su solución.

“Los Carpinteros”, un filme que narra la miseria humana y la heces que brotan de las correccionales dominicanas, se queda chiquita ante los hechos que a diario reseña la prensa o  se escuchan con las denuncias de ciudadanos  del sistema carcelario.

Cuatro haitianos fueron asesinados  en la celda denominada “La Plancha” de la Penitenciaría Nacional de La Victoria el 17 de agosto a las 12:20 am, que se dice es una especie de micro selva donde los  reos más antiguos  torturaran a los nuevos que se niegan a concederles favores sexuales, económicos o de otra naturaleza.

Los  ciudadanos haitianos,  además de asesinados fueron torturados y violados sexualmente para obligarles a decir en qué parte de “La Plancha” escondieron 35 mil dólares, producto de un robo a un nacional chino y a un haitiano.

Los asesinos recibieron una llamada telefónica pidiéndole que “bregaran” a los haitianos  para  obligarlos a decir en qué parte de la celda tenían el dinero.

¿Cómo es posible que los internos de “La Plancha” tengan teléfonos celulares y objetos  corto punzantes? La idea  confirma todo esto es que La Victoria es tierra de nadie, que no tiene ningún de tipo de supervisión de las autoridades.

Otra pregunta que muchos se hacen es como las  autoridades del penal no intervinieron para impedir la muerte de los haitianos cuando ocurrió la trifulca en horas de la madrugada, que de seguro por el bullicio  pudieron advertirla e intervenir para impedir la masacre.

¿Por qué permiten las autoridades que un reo penetre a una celda con la suma de 35 mil dólares? ¿Se perdió la costumbre de registrar a los presos antes de ingresarlos a las celdas?

Es fácil despejar los términos de esta ecuación: hay una estrecha unidad entre las autoridades y ciertos núcleos de  los reos en todas las cárceles, que lógicamente produce réditos económicos con todo tipo de extorsión a los internos. “¡Oh, Dios!”

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